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Empezaron reivindicando la lengua y la cultura amazigh.

Escrito por Administrator on .

Empezaron reivindicando la lengua y la cultura amazigh. Hoy tienen un proyecto político autónomo y diferenciado, y están adquiriendo un papel destacado en la vida pública marroquí.

 

Revolucion Bereber

Mundial Amazigh, el francés de origen argelino, Belkacem Lounes. “En contextos como los magrebíes –concluye– y particularmente en Marruecos o en Argelia, es necesario que continuemos peleando para vivir con todos nuestros derechos en nuestra propia tierra, en libertad, en democracia y en un clima de prosperidad para todos”. Para Rachid Rahá, editor de Le Monde Amazigh y presidente de la Fundación de Estudios Antropológicos David M. Hart, “cada vez existen menos dudas al respecto de que nosotros somos los únicos que plantamos cara a un régimen caduco, a la intransigencia islamista y a la propia izquierda tradicional, todo con un proyecto democrático y endógeno, no importado de otras latitudes”. No es una opinión aislada la de este rifeño oriundo de Beni Enzar, localidad fronteriza con Melilla, quien asegura que “existen muy pocas diferencias entre el proyecto del marxismo arabista y el del islamismo político, a excepción de que unos van con el Corán debajo del brazo y otros beben de ideologías panarabistas de corte dictatorial, siendo el Egipto de Násser o el Iraq de Sadam Hussein los ejemplos paradigmáticos a seguir”. Reveladores, en este orden de cosas, son los recurrentes enfrentamientos en los campus universitarios marroquíes, donde la rivalidad tradicional que enfrentaba a la izquierda contra los islamistas ha sido sustituida por la actual lucha de los bereberes contra los dos grupos anteriores señalados. 

Revolucion Bereber

 

Empezaron reivindicando la lengua y la cultura amazigh. Hoy tienen un proyecto político autónomo y diferenciado, y están adquiriendo un papel destacado en la vida pública marroquí.

El denominado movimiento amazigh, de la etnia africana bereber, ignorado completamente hasta épocas recientes, tiene cada vez un mayor protagonismo dentro del panorama político de Marruecos.
“Es cierto que partimos desde unas posiciones muy centradas en nuestra cultura popular, pero hemos tomado conciencia de nuestra situación y, hoy día, somos portadores de un proyecto político autónomo y diferenciado”. Las palabras corresponden a Mounir Kejji, militante bereber y responsable en el Centro de Documentación Amazigh Tarik Ibn Zyad de Rabat. Estrategia. Para Kejji, “está claro que muchos, el régimen marroquí incluido, han desarrollado una estrategia para reducir nuestra lucha por la defensa de la cultura bereber a una mera y exclusiva reivindicación lingüística o cultural, aunque –continúa– los últimos acontecimientos desmienten a diario este tipo de planteamientos”. Según Kejji, el movimiento amazigh, que literalmente significa “hombre libre”, es “como un iceberg donde la cultura es solamente la parte sible, pero que se ha venido conformando como un auténtico vector de contestación”.
El punto de inflexión, el paso de lo cultural a lo político, lo encontramos de forma clara a partir de la publicación de la Carta de Agadir de 1991. Este documento, promovido por Mohamed Chafikh, gran intelectual, miembro de la Academia Real Marroquí y figura histórica del movimiento, fue ratificado por decenas de personalidades y de asociaciones culturales a lo largo y ancho de todo el reino alauita. Desde entonces, el discurso Amazigh, ya sin rodeos y sin renunciar por ello a las demandas culturalistas, comienza a poner en el centro de sus reivindicaciones elementos tales como la efectiva democratización del país, la lucha por un régimen más libre y más justo, el respeto de los derechos humanos, la implementación de un sistema regional que dé cuenta de la heterogeneidad existente dentro de este Estado magrebí o, incluso, la cuestión de la laicidad, siendo los únicos que han osado plantear dicha cuestión hasta este momento. Oposición política. “El nuestro es un proyecto de amistad, de fraternidad y de profunda tolerancia”, afirma el presidente del Congreso

Mundial Amazigh, el francés de origen argelino, Belkacem Lounes. “En contextos como los magrebíes –concluye– y particularmente en Marruecos o en Argelia, es necesario que continuemos peleando para vivir con todos nuestros derechos en nuestra propia tierra, en libertad, en democracia y en un clima de prosperidad para todos”. Para Rachid Rahá, editor de Le Monde Amazigh y presidente de la Fundación de Estudios Antropológicos David M. Hart, “cada vez existen menos dudas al respecto de que nosotros somos los únicos que plantamos cara a un régimen caduco, a la intransigencia islamista y a la propia izquierda tradicional, todo con un proyecto democrático y endógeno, no importado de otras latitudes”. No es una opinión aislada la de este rifeño oriundo de Beni Enzar, localidad fronteriza con Melilla, quien asegura que “existen muy pocas diferencias entre el proyecto del marxismo arabista y el del islamismo político, a excepción de que unos van con el Corán debajo del brazo y otros beben de ideologías panarabistas de corte dictatorial, siendo el Egipto de Násser o el Iraq de Sadam Hussein los ejemplos paradigmáticos a seguir”. Reveladores, en este orden de cosas, son los recurrentes enfrentamientos en los campus universitarios marroquíes, donde la rivalidad tradicional que enfrentaba a la izquierda contra los islamistas ha sido sustituida por la actual lucha de los bereberes contra los dos grupos anteriores señalados. Puntos de discordia. Lhoussain Azzergui, fundador en Meknes del Movimiento Estudiantil Amazigh, asegura que “ellos son conscientes y saben que la próxima guerra tendrá lugar entre nosotros, los bereberes laicos, y ellos, los intransigentes, ya que son dos proyectos diferentes los que están en liza: nosotros militamos por la libertad, la democracia y la laicidad, mientras que

“El movimiento amazigh es un iceberg y la cultura es sólo la parte visible”, dice un militante bereber

los barbudos y los árabes promulgan todo lo contrario”.
Lo cultural responde a intereses estratégicos y, al mismo tiempo, a la realidad de un sistema como el marroquí. “La situación de Marruecos, a pesar del marketing y de la retórica de la transición, no es ni mucho menos halagüeña y todavía nos vemos obligados a escondernos detrás de la cultura porque sabemos que nos exponemos a ser masacrados por el Majzén (el régimen tradicional marroquí) si pasamos a la acción política directa”, declara Mustapha Bernouchi, militante bereber de la región de Errachidia, al sudeste de Marruecos.
Allí, como en otras zonas rurales mayoritariamente bereberes, el problema de la amazighidad está ligado directamente con el problema de “la prosperidad económica de los portadores de la lengua tamazight”. Con la independencia de Marruecos, en el año 1956, “la política de arabización y los intentos de dar estabilidad a un auténtico Estado-nación alrededor de una ideología más propia de Oriente Medio que del Norte de África, supusieron una marginalización sistemática hacia nosotros, la expoliación de nuestras riquezas naturales y una represión que no ha cesado todavía” afirma Bernouchi. A pesar de ello, mantiene la esperanza, asegurando que “otro Marruecos es posible, siendo nuestra batalla una lucha por poder ser nosotros mismos, simplemente por existir dignamente, ya que de momento sólo somos reconocidos de forma oficiosa”.

Revolucion Bereber

Por: TIEMPO DE HOY 26 / 12 / 05

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