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El doctor Mouloud Lounaouci, miembro de la Comisión Nacional del Movimiento Cultural Bereber escribió lo que sigue en la revista Amazigh (nº 3-4, abril-julio de 1994): "Pero, de todas las invasiones (que ha sufrido el Norte de África y que no han permitido a los bereberes imponer su manera de ser y de gobernar) la que tuvo más impacto fue la de los árabes. No se puede ocultar la larga e intensa resistencia (setenta años) e igualmente debe restablecerse una verdad histórica diciendo que la conquista árabe fue inicialmente una rapiña". No obstante, en el mismo número de la revista Amazigh un entusiasta artículo firmado por la Asociación bereber Tanukri subraya el carácter autóctono del Islam norteafricano: "En el siglo VII, una parte de la población bereber se había adherido ya al Islam. Jamás hubo una conquista árabe de nuestro país. Meca y Medina, con un total exagerado de veinticinco mil habitantes entre los que no eran extraños los extrangeros, no pudieron conquistar el mundo". En ambos casos, en el que los arabófonos son considerados por ello extrangeros, y en el otro en el que se busca la reconciliación de todos los bereberes, es fácil advertir las distintas orientaciones que va a seguir el movimiento bereber. El mismo doctor Mouloud Lounaouci señala más adelante en su artículo que a pesar del triunfo del Islam los bereberes continuaron practicando sus propias lenguas y culturas, y así Ibn Tumart predicó su causa almorávide en bereber, el Corán fue traducido y la literatura en lengua autóctona conoció un despegue que aún no ha sido igualado. La verdadera arabización comenzaría más tarde, en el siglo XI con la llegada de los Banu Hilal. No obstante, siempre según el doctor Mouloud Lounaouci, el árabe quedaría acantonado en los escasos centros urbanos y nunca habrtía tenido lugar una larga y profunda arabización. La colonización frances -y la española en el Rif- es el origen de una absoluta desestructuración social y económica con expropiaciones, secuestros y colegios indígenas, entrañando por consiguiente una política de desculturización. La apertura de escuelas no perseguía inicialmente la finalidad de instruir (no se permitía el acceso al principio a un cierto nivel) sino que su finalidad era la de instalar una cultura francesa cuyo objetivo era la autodespersonalización y la autoinfravaloración. Ello sembró el norte de África un extendido complejo de inferioridad ante los europeos. La civilización occidental fue presentada como panacea inalcanzable. Esta política de desculturización llevada a cabo por las potencias coloniales que despreciaban o ignoraban del todo a las poblaciones autóctonas tuvo una contestación al principio dispersa y desorganizada que pronto dio nacimiento a los movimientos nacionales. Pero quizás ya era demasiado tarde. Las jóvenes generaciones que liderarían las luchas por la independencia ya habían sido desarraigadas y sus planteamientos fueron ajenos a las realidades sociales y culturales de las que habían sido separados. Efectivamente, los movimientos nacionales que conseguirían la independencia fundaron los nuevos Estados en la premisa de lo arabo-islámico. De los movimientos nacionales serán eliminados todos los elementos que rehusen acatar la nueva ideología (como la llamada crisis berberistas de Argelia en 1949 y que entrañó la expulsión de Omar Imache). El partido del pueblo argelino impuso un modelo calcado del modelo jacobino francés: Opuso a la nación francesa la nación árabe, a la lengua francesa la lengua árabe y a la cristiandad opuso el Islam. No cabe junto a esto la lengua, la cultura y la identidad bereber, como tampoco tiene cabida el Islam popular. A esta negación la siguió una política activa de marginalización: supresión de la cátedra de bereber de la universidad de Argel, prohibición a los niños berberófonos de expresarse en su lengua en las escuelas, enseñanza dogmática de los contenidos de la ideología oficial, negación de la berberidad juzgada como creación de los Padres Blancos. Si en esto podía tener parte de razón el Estado argelino, no es menos verdad que también la arabidad había sido un invento de los estrategas franceses e ingleses en oriente. El Estado no se resistirá a la tentación de usar la fuerza: se arresta e incluso a veces se ejecuta a los ciudadanos que denuncian esta política que margina conscientemente a una gran parte de la población. Esta política agresiva y violenta de opresión y exclusivismo practicada por los gobernantes (entre los que se encontraban berberófonos), lejos de conseguir que el pueblo acepte la cultura arabo-islámica justificará la cración de movimientos de contestación. Estos movimientos de contestación se van a sumar al trabajo colosal emprendido por el catedrático Mouloud Mammeri y ello conducirá a la toma de conciencia identitaria de parte de la juventud berberófona, principalmente kabil, gracias a los aportes de cantaautores como Idir y del teatro reivindicativo como el de Katib Yasin, Muhand o Yahia. En Argelia, las reivindicaciones berberistas pronto se van a masificar. La gente pierde el miedo a hablar en bereber en público y la vestimenta tradicional kabil se convierte en símbolo de berberidad. A partir de 1979, los militantes de la causa bereber emprenden una intensa campaña de lucha y sensibilización. El momento culminante llegó en abril de 1980: la exigencia identitaria bereber será asumida entonces públicamente en el cuadro de la reivindicación de libertades democráticas. Los acontecimientos de la Primavera Bereber tuvieron como consecuencia la internacionalización de la cuestión, obligando al poder a admitir el origen bereber de los argelinos. Parecía que las esperanzas estaban permitidas.
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